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Tucuman

Historia

16/12/2013

Breve Síntesis Histórica

La etimología de la voz "Tucumán" más aceptada es la que proviene del quechua YUCUMAN, que significa "lugar donde nacen los ríos". 

Los primeros habitantes

Entre los pueblos indígenas que habitaban territorio tucumano, antes de la llegada de los conquistadores españoles, se destacaban los diaguitas calchaquíes, fuertemente influidos por la cultura inca. Asentados en toda el área montañosa del oeste tucumano, eran hábiles tejedores y alfareros. Cultivaban el maíz, el zapallo y la quina en un sistema de andenes y terrazas dotados de irrigación. Criaban guanacos, llamas y vicuñas, que les brindaban carne, leche y lana. Practicaban una rudimentaria minería, y estaban bien organizados al mando de un cacique. Esencialmente pacíficos, eran buenos guerreros cuando la situación lo requería. Más hacia el este de la actual provincia de Tucumán vivían los lules y vilelas, pueblos cazadores y recolectores, menos evolucionados.

La conquista

El primer español que recorrió territorio tucumano fue Diego de Almagro, conquistador del Perú, quien en 1535 recorrió Chile, la quebrada de Humahuaca y llegó a los Valles Calchaquíes. Ocho años más tarde, Diego de Rojas avanzó por las fértiles llanuras orientales, buscando un nexo entre Lima y el Plata, pero una flecha envenenada terminó con su vida. 

La primera población de este territorio, El Barco, fue fundada en 1550 por Juan Núñez de Prado, proveniente del Perú. Se construyó un fuerte y el Cabildo, pero luego el poblado fue trasladado dos veces, para establecerse definitivamente a orillas del Dulce, en 1553, con el nombre de Santiago del Estero. 
El sitio exacto de la primera fundación es aún discutida. En 1564 fue creada la vasta provincia de “Tucumán, Juríes y Diaguitas”, siendo Santiago del Estero su primera población estable, y Francisco de Aguirre su primer gobernador. A fin de contener los ataques de los diaguitas, Aguirre confió a su sobrino, Diego de Villarroel, la fundación de un nuevo asentamiento en un sitio llamado Ibatín por los nativos. Así nació San Miguel de Tucumán, el 31 de mayo de 1565, bajo la invocación del arcángel San Miguel. La ciudad se encontraba frente a la principal salida de los cordones montañosos del Aconquija, y aseguraba la protección de los caminos que avanzaban por los llanos. Villarroel, ante la fertilidad del suelo, la bondad del clima y la aparente mansedumbre de los indígenas, señaló en el acta de fundación que la nueva ciudad se levantaba sobre “una nueva tierra de promisión”.
Al decir del fraile Antonio Vázquez de Espinosa (año 1600), la ciudad, de 250 vecinos españoles, tenía un clima cálido y húmedo. Mencionaba unas reducciones de indios muy industriosos, la cría de ganado, y la abundancia de maderas finas y ganado silvestre. Pero un levantamiento indígena, en 1630, acabó con la paz, ocasionó las llamadas Guerras Calchaquíes y provocó la casi aniquilación de esta etnia. 
La belicosidad indígena, unida a la aparente mala calidad del agua de consumo, causó que el 27 de setiembre de 1685, por autorización de cédula real, el gobernador Fernando de Mendoza y Mate de Luna ordenase que la ciudad fuese refundada en su actual emplazamiento por el teniente gobernador Miguel de Sala y Valdéz. Por entonces, la gobernación de Tucumán ya abarcaba unos 700.000 km2, e incluía ciudades como Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero y Córdoba. En 1776 Tucumán pasó a formar parte del recién creado Virreynato del Río de la Plata, y siete años más tarde se integró a la provincia-intendencia de Salta.

La Independencia

Enterados de los sucesos de Mayo en Buenos Aires, el 26 de junio de 1810 el Cabildo tucumano, por un solo voto -el del regidor Juan Bautista Paz- se inclinó por el bando patriota y eligió al presbítero Manuel Felipe de Molina diputado ante la Primera Junta. En 1812, Manuel Belgrano, derrotado y en retirada hacia Córdoba, arribó a la ciudad. Pero animado por el apoyo y la decisión del pueblo tucumano, decidió hacerse fuerte allí y hacer frente a sus perseguidores. El 24 de setiembre de ese año, en la Batalla de Tucumán, derrotó al general realista Pío Tristán. Cuatro años después, la situación del Río de la Plata era muy difícil (la derrota de Sipe-Sipe, la desastrosa situación económica a causa de la guerra, la tambaleante causa independentista en América Latina), pero a instancias del General San Martín, desde Cuyo, el 9 de Julio de 1816 se declaró la Independencia Nacional durante el Congreso de Tucumán.

Las luchas fratricidas

 Si bien no hubo más eventos bélicos libertadores en Tucumán, el 12 de noviembre de 1819 el general Bernabé Aráoz se erigió gobernador, y un año después proclamó la República de Tucumán, que incluía a Santiago del Estero y Catamarca. Esto provocó una respuesta armada de fuerzas salteñas y santiagueñas al mando del General Güemes, quien fue finalmente derrotado por Aráoz el 3 de abril de 1821. Pero éste, a su vez, fue depuesto por el jefe de su propio ejército, Abraham González, y a fines del mismo año, Catamarca y Santiago del Estero obtuvieron su autonomía. Tucumán quedó reducida a sus límites actuales, pero continuó la lucha interna entre Bernabé Aráoz, Diego Aráoz y Javier López. En 1825, siendo este último gobernador, fue derrotado por el unitarista Gregorio Aráoz de Lamadrid, quien se adueñó del poder, para enfrentarse luego con Facundo Quiroga en Campo de Tala (octubre de 1826) y Ciudadela (noviembre de 1831). En ambos combates, Lamadrid fue derrotado, lo que significó el colapso de la Liga Unitaria y el encumbramiento de Alejandro Heredia en la gobernación.

Hacia la organización

Heredia, acérrimo federalista, gobernó hasta 1838, año en que fue asesinado. Lamadrid, tras una breve militancia federalista, se unió a Lavalle y adhirió a la Coalición del Norte, de filiación unitaria. Tras sufrir varios reveses, huyó a Chile. Lavalle, a su vez, fue vencido en Famaillá por el federal Oribe, el 19 de setiembre de 1841. Poco después, Marco Avellaneda, gobernador unitario de Tucumán y compañero de armas de Lavalle, fue tomado prisionero y degollado el 3 de octubre en Metán. A la caída de Rosas (1852), y tras la adhesión del gobernador federal Celedonio Gutiérrez a la Confederación, siguieron décadas de violencia política y militar, enfrentamientos con provincias limítrofes, conflictos como la resistencia del “Chacho” Peñaloza contra el centralismo porteño y el levantamiento federal de Felipe Varela, amén de revoluciones y asonadas, que convulsionaron a Tucumán hasta 1880, año en que comenzó el orden y la pacificación.



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